Ayer nos enteramos del fallecimiento de Stephen Covey y, Josefina, mi compañera periodista de 21 años que se sienta a mi lado, me preguntó con curiosidad: “¿quién era?” Sonreí, porque fue una de esas preguntas que delatan la diferencia generacional. Para los que tenemos algunos años más, Covey es una figura fundacional. Sus libros influyeron en toda una camada de líderes. Con más de 26 millones de copias vendidas, Los siete hábitos de las personas altamente efectivas fue uno de los “25 libros de managament del siglo XX”. Recuerdo cuando fue editado en castellano. El dueño de la editorial en la que yo trabajaba compró y regaló ejemplares a todos los empleados “high potentials”. Así que, tanto para los que quieren recordarlo como quienes lo quieren conocer, como Josefina, van tres ideas clásicas de Covey:
- La confianza y la integridad dentro de las organizaciones constituyen las piedras angulares del éxito de las mismas.
- Quien encuentre su voz, su significado único y personal, habrá dado el primer paso en el arte del liderazgo.
- No importa a cuántas personas usted supervise, hay una sola persona a la cual puede cambiar: a usted mismo. La mejor inversión que puede hacer, entonces, es en mejorarse a sí mismo desarrollando los hábitos que le harán mejor persona y mejor gerente.
