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SIR Richard Branson, el caballero inglés

BY: Florencia Lafuente

Source: WOBI Content Team

El exitoso CEO de Virgin Group —amado por sus empleados y admirado por sus pares— está usando su poder, carisma y capacidad de liderazgo para dirigir el cambio global. Dice que la responsabilidad de los líderes es contribuir con la resolución de los grandes problemas mundiales como los relacionados con el cambio climático, las guerras y el desarrollo económico sustentable. Creó para ello múltiples organizaciones y escribió un libro —Screw Business as Usual— en el que explica su teoría sobre por qué es necesario refundar el capitalismo para conseguir los resultados esperados.


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El fundador y CEO de Virgin Group es uno de los líderes de negocios más exitosos y admirados del mundo. Un aventurero que ama a las personas y se ha propuesto conducir el cambio global para construir un mundo mejor y más justo.

Tiene 61 años; es carismático, entusiasta, tímido y muy cortés. Es un iconoclasta, su propia marca y un espectáculo ambulante. Hizo de todo para promocionar sus empresas: se disfrazó de novia, de pirata, de piloto, intentó cruzar el Pacífico en globo, navegar el Atlántico en una lancha a motor, surcar los cielos en caída libre y, recientemente, anunció que viajaría más allá de la atmósfera terrestre en su nueva astronave LauncherOne (en la que también viajarán Brad Pitt y Angelina Jolie, entre otros cientos de pasajeros). Es adorado por sus empleados, reverenciado por los emprendedores, idolatrado como un héroe nacional en Gran Bretaña y envidiado por muchos de sus pares; pero, sobre todo, es un modelo de liderazgo global.

Rico y divertido
Su nombre es Richard Branson, nació en Blackheath, en los suburbios de Londres. Tiene una fortuna de US$ 4.200 millones —la cuarta en el Reino Unido y la número 225 a escala global— y lidera uno de los conglomerados de negocios más glamorosos del mundo: Virgin Group, un imperio conformado por más de 300 compañías que operan en sectores que van desde la aviación comercial, las telecomunicaciones y el entretenimiento, hasta la salud y el turismo espacial, con su nuevo emprendimiento Virgin Galactic. El grupo, que tiene 48.000 empleados y presencia en 30 países, percibió ingresos por US$ 21.000 millones en 2011.
Podría decirse que Branson es un líder con un éxito de 360 grados. Le ha ido bien en casi todo lo que ha emprendido, está casado desde hace 23 años con la misma mujer —Joan Templeman—, sus dos hijos, Holly y Sam, lo admiran y acompañan en muchas de sus aventuras, y hoy es considerado un ejemplo de líder global, el último paso en la carrera del liderazgo.

“Hay que tratar a todos como iguales. Ser lo que la gente espera de uno, nunca decepcionar al equipo.”

Él suele decir que el principal secreto de su éxito es que sólo se embarca en negocios que lo divierten. (Un ejemplo: en 1981 compró la discoteca gay más grande de Londres, Heaven, que sigue siendo la más popular al día de hoy.) El segundo secreto: que ama a las personas, que tiene la suerte de disfrutar de la interacción con la gente, y que no deja que el éxito “se le suba a la cabeza”. Su estilo de liderazgo es franco, directo, sensible. “Hay que tratar a todos como iguales. Ser lo que la gente espera de uno, nunca decepcionar al equipo.”
Branson no cree en dios, dice que fue educado por sus padres para buscar lo mejor en la gente, y sostiene que éste es el atributo más importante que puede tener un gran líder. “Si uno no busca lo mejor en su equipo, es muy difícil que construya un negocio exitoso —expresa—. Cuando era pequeño, cada vez que criticaba a alguien, mi madre me llevaba delante de un espejo y me decía: ‘Los defectos que ves en otros son en realidad un reflejo de los tuyos’. Eso me enseñó a mirar con atención a los demás.”
Pero no fue sólo su madre. Branson es disléxico. A los 15 años abandonó la secundaria porque se sentía incapaz de seguir el ritmo de estudio. Le costaba entender. En  su libro Screw Business as Usual (Portfolio Hardcover, 2011) —un llamamiento a los líderes del mundo a cambiar la forma de hacer negocios y refundar el capitalismo—, cuenta que esta dificultad le sirvió mucho en su vida, porque le enseñó a delegar. “La dislexia me forzó a relacionarme con el mundo de otra forma. Al no ser capaz de analizar los detalles, he podido desarrollar una visión global para las cosas. Aprendí a valorar las voces, las historias, las conversaciones. Aprendí a escuchar. Creo que también ha sido la causa de que haya detectado tantas oportunidades de negocios en mercados tan distintos. Pero sé que los detalles son fundamentales, por eso siempre me he rodeado de gente que me complementa, que puede escudriñar las cosas a fondo.”

El mundo sobre sus hombros
El CEO de Virgin Group tiene una visión muy clara de lo que quiere, y de lo que desea cambiar. No duda en compartir su poder si eso significa multiplicarlo. Entiende cabalmente que, en la posición en la que se encuentra —“Con el dinero grande vienen las grandes responsabilidades”, declara—, su rol es contribuir al bien común y colaborar en la resolución de los grandes retos mundiales. Dice que el hombre creó los problemas, y que el hombre puede resolverlos.
Branson quiere redefinir el capitalismo, transformarlo en una fuerza de bien. Su última iniciativa, Capitalismo 24902 (la medida de la circunferencia de la Tierra), resume su idea de que las empresas deben aliarse con organizaciones, gobiernos y comunidades para modificar el actual escenario de hambre, desigualdad, guerras y destrucción ambiental. “Capitalismo 24902 se trata de las personas, de que las empresas pongan a los individuos en el centro de todo lo que hacen.” En Screw Business as Usual, argumenta que las organizaciones deben emprender negocios que hagan el bien, no sólo que generen ganancias.
Pocos líderes como Richard Branson están calificados para asumir el liderazgo de causas globales y lidiar con las necesidades de una economía dinámica, incierta y cambiante. Su historial es tan transparente como sus sueños. Y Branson es un líder versátil; lo ha mencionado varias veces: no se siente atado al pasado, por eso es capaz de reinventarse constantemente.
Fue su madre, Eve, la que lo transformó en el “espíritu independiente” que hoy es. En su libro autobiográfico Losing My Virginity, Branson narra que, a los cinco años, su madre lo dejó en un campo a casi cuatro kilómetros de su casa, únicamente para que encontrara solo el camino de vuelta. “Cada vez que sufro un revés, siempre me recompongo y vuelvo a probar. Mi madre me enseñó a no mirar atrás con arrepentimiento, sino a pasar al siguiente desafío.”
En 2004, junto con sus empleados, creó la fundación Virgin Unite. El objeto: que su equipo en todo el globo pueda participar a través del voluntariado en la generación de un cambio sustentable, apoyando proyectos de emprendedores que aborden temas sociales y medioambientales complejos. Un apéndice de esta organización es su iniciativa Carbon War Room, que busca capitalizar ideas radicales de emprendedores para secuestrar carbono de la atmósfera y revertir el proceso de calentamiento global. Recientemente, Carbon War Room lanzó el desafío Virgin Earth Challenge, que ofrece un premio de US$ 25 millones a quien desarrolle una solución tecnológica económicamente viable para extraer carbono de la atmósfera de manera permanente.
“La batalla contra los gases de efecto invernadero ofrece grandes oportunidades para generar ganancias. Creo que una manera de analizar estos proyectos que apuntan a proteger el clima terrestre es mirarlos como un modelo de negocios, porque la única opción para que todos nos ocupemos del cambio climático es que ganemos dinero con ello”, declaró hace poco en una entrevista con la publicación Spiegel.

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