Cuando una organización tiene “grandes planes” para un ejecutivo promisorio, suele conducirlo a través de un programa de desarrollo acelerado que termina siendo una suerte de montaña rusa: ofrece un rápido vistazo de las diferentes funciones corporativas sin profundizar demasiado en ninguna.
De esta forma, los ejecutivos con “alto potencial” son empujados por la rampa del ascenso acelerado, y casi no pueden reflexionar sobre las lecciones aprendidas ni asimilar las frustraciones. Y su permanencia en cada puesto es demasiado breve como para equivocarse o marcar la diferencia.
Seguramente, tomar un atajo hacia la cima suena atractivo, pero encierra varias trampas que, si lo toman a uno desprevenido, pueden malograrle la carrera. Por eso, antes de que comience su meteórico ascenso, entérese de cuáles son las cuatro trampas más frecuentes, y evite caer en ellas.